Diario
La Nacion Domingo 6 de Junio de 2004
"Aplausos" para El
Nacional
"Aplausos" ("Applause"). Libro:
Betty Comden y Adolph Green. Letras: Lee Adams. Música:
Charles Strouse. Dirección general: Alicia Zanca.
Producción artística: Diego Romay. Producción
general: Alejandro Romay. Dirección musical:
Gerardo Gardelín. Coreografía: Gustavo
Zajac. Elenco: Claudia Lapacó, Paola Krum, Miguel
Habud, Roberto Catarineu, Luz Kerz, Juan Carlos Puppo,
Nicolás Scarpino, Romina Groppo, Miguel Brandan,
Diego Hodara, Christian Giménez, Débora
Turza, Laura Conforte, Fabio Gigli, Alejandro Ibarra,
Ariel Juárez, Carla Lanzi, Federico Lynch, Jorgelina
Maglio, Carla Noval, Flavia Pereda, Verónica
Pecollo, Noel Rodríguez, Martín Ruiz,
Alejandra Simoes y Martín O´Connor. Vestuario:
Fabián Luca. Escenografía: Jorge Ferrari.
Supervisión y gestión escenográfica:
Valeria Ambrosio. Luces: Marcelo Cuervo. Peinados: Fabián
Rodríguez. Producción ejecutiva: Juanjo
Ubiría. En El Nacional, Corrientes 960. Duración:
135 minutos. Estreno: 4 de junio de 2004.
Nuestra opinión: muy bueno
Alejandro
Romay siempre fue astuto a la hora de importar comedias
musicales innovadoras. Luego del éxito de "Hair"
(1971), decidió traer una pieza que en Broadway
había arrasado con los Tony: "Aplausos",
basada en la película "La malvada",
una historia original de Mary Orr que protagonizaron
Bette Davis y Anne Baxter. Aquí la hicieron,
en 1972, Libertad Lamarque y Marta González,
pero, a decir verdad, no fue un gran éxito.
Su hijo Diego debe de haber advertido que es un interesante
texto para no dejar en el olvido y para adelantarse
al reestreno que la Gran Manzana tiene previsto para
fines de año.
"Aplausos"
es del tipo de comedia musical del que difícilmente
se salga tarareando una canción. Pero eso no
le juega en contra. Nacida en 1970, el mismo año
en que Stephen Sondheim revolucionaba Broadway con
"Company", una comedia musical cuya columna
vertebral son el libro y las canciones puestas a su
servicio. Betty Comden y Adolph Green han escrito
textos de películas y obras subordinados a
los números musicales, como "Cantando
bajo la lluvia" y "On the Town", pero
maduraron en textos algo más agudos al mejor
estilo Sondheim como la pieza estelarizada en Broadway
por Lauren Bacall y Anne Baxter.
Comden
y Green han escrito varias obras que hurgan en la
trastienda teatral. Pero en "Aplausos" van
más allá: se meten en los sentimientos
y las miserias de estrellas, artistas, coreutas, productores
y cada una de las piezas que componen un espectáculo
teatral. Sin embargo, no se trata de una obra pirandelliana,
sino que va hilvanando la acción dramática
-con muchos toques humorísticos- a través
de los hilos de la ironía, la intriga y el
suspenso. No deja muy bien parados a los actores,
pero expone crudamente el inmenso ego que los engolosina
cuando rozan el éxito. Es la historia de la
primera figura Margo Channing que, en su edad madura,
recibe con gratitud la presencia de Eva, una admiradora
suya. La joven indefensa se va metiendo en su vida
hasta sacar el máximo provecho y destruir a
todos quienes la ayudaron. La adaptación de
la película es fiel y los autores utilizan
la música para inducir conductas y transiciones
de estas criaturas tan vulnerables. Como se mencionó
antes, las canciones están al servicio absoluto
del libro y aunque no es la partitura más inspirada
de Charles Strouse ("Annie", "Bye,
Bye, Birdie"), Gerardo Gardelín siempre
saca un buen partido como para demostrar que es uno
de los mejores arregladores del género. Es
del tipo de musical que fragmenta sus canciones con
textos hablados y hasta fonemas ilustrativos (el cuadro
"Ajústense los cinturones" es brillante).
Aunque no se consigna quién hizo la traducción,
es correcta y bien adaptada al lenguaje local sin
traicionar la esencia.
La
obra está circunscripta a una atmósfera
setentista y los gestores de esta producción
sacaron muy buen provecho de eso. Con esta puesta,
Alicia Zanca se afianza como una directora sólida,
con un criterio estético inusual y un conocimiento
profundo de las necesidades del actor. En cuanto a
lo primero, dotó a la puesta de una estética
uniforme basada en colores vivos y furiosos, con un
tono predominante en cada cuadro. Es aquí cuando
se aplaude la mancomunión de las artes en un
fin común: escenografía y vestuario
están coordinados magistralmente. La escenografía
se apoya en los elementos básicos y necesarios
-sin pecar de superabundancia- y en los fondos urbanos
gigantes. En tanto, el vestuario de Fabián
Luca es brillante y detallista, con mucho complemento.
Es interesante apreciar cómo sabe combinar
las tonalidades entre los actores en una misma escena.
La iluminación se destaca en los contraluces.
Lapacó:
una estrella
En
referencia a la dirección de actores, la labor
de Zanca se evidencia en un elenco donde hay muy pocas
fisuras. Sacó provecho de la intención
y la intensidad de cada intérprete, sobre todo
en las dos protagonistas. Sin duda, Claudia Lapacó
está componiendo uno de los mejores roles de
su carrera: un personaje que la consagra. En la piel
de la diva Margo Channing se mueve en el escenario
con seguridad, fuerza y decisión. Se ha encarnado
en el personaje de tal manera que deja la certeza
de que no hacen falta las divas verdaderas para componerse
a sí mismas. Es una actriz con innumerables
recursos que utiliza de manera justa y hace creíble
la teoría básica del musical: cuando
no alcanza con las palabras, se canta, y cuando el
nivel emocional sigue creciendo, se incorpora la danza.
Lapacó hace todo bien y certifica que el género
necesita de actores.
Paola
Krum, como su antagonista, también se afirma
como actriz. Trabaja a su Eva con sutileza y es muy
interesante la transición paulatina de su personaje.
Es una pieza clave en la intriga de la obra y un movimiento
en falso podría echar a perder más de
una escena. Krum saca buen partido y brilla en el
cierre del primer acto.
El
elenco es sobresaliente y cada uno merecería
un párrafo. Miguel Habud también hace
aquí su mejor labor, con un buen manejo de
la frialdad de su Bill y bien parado en el rol de
galán seductor; Luz Kerz es medida y calza
perfecto en su rol de Karen; Juan Carlos Puppo es
rotundo y contundente en un personaje de peso, y correctos,
Christian Giménez y Miguel Brandan.
Roberto
Catarineu es comedia musical. Todo él es ritmo,
tempo, intención y encarnadura. Excelente.
Pero el párrafo aparte queda para dos jóvenes
intérpretes: Nicolás Scarpino y Romina
Groppo. El primero es desopilante en su rol de Dudú,
el asistente gay de la estrella. Hace una machietta,
sí, pero sin extralimitarse, y con gracia.
Scarpino es un gran actor: sabe dónde agregar
un gesto que pueda enriquecer la escena y cómo
sacar partido de cada texto. Más en el plano
musical, Groppo (ya había demostrado talento
en "Drácula" y "El violinista...")
descuella en el mejor número musical: el que
le da título a la obra. Tiene encanto, canta,
baila y actúa maravillosamente. El dúo
que forma con Scarpino es brillante.
De
la puesta de Zanca sólo es criticable el número
de Stonewall. Desde lo musical es interesante, pero
es algo obsoleto pensar que en un pub gay todos los
concurrentes masculinos son extremadamente amanerados
o aparentes camioneros, en el caso de las mujeres.
A su vez, es objetable la ausencia de buenos arreglos
corales.
Por
último, la coreografía de Gustavo Zajac
juega un lugar importante en esta versión.
Apuesta a movimientos largos, circulares y articulables,
con desplazamientos múltiples que la diferencian
de las habituales coreografías del género.
En suma: una comedia musical brillante, una historia
sólida e intérpretes excelentes.
Pablo
Gorlero
Link
corto: http://www.lanacion.com.ar/607827
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