Diario
La Nacion Viernes 9 de Marzo de 2001
Delicioso humor negro
"La
tiendita del horror", de Howard Ashman y Alan
Menken. Dirección: Robert Jess Roth. Coreografía:
Matt West. Diseño de escenografía y
utilería: Stanley A. Meyer. Diseño de
luces: Norm Schwab. Diseño de vestuario: Fabián
Luca. Diseño de sonido: Osvaldo Mahler. Dirección
musical: Ricardo Barrera. Director y coreógrafo
adjunto: Gustavo Zajac. Intérpretes: Ivanna
Rossi, Andrea Mango, Marger Sealey, Omar Pini, Sandra
Ballesteros, Diego Ramos, Humberto Tortonese, Rodolfo
Gómez y Pablo Piñeyro. Músicos:
Yair Hilal, Ramiro Allende, Federico Hilal, Rafael
Giménez y Edison Cochi. Teatro Broadway.
Nuestra opinión: Muy bueno.
En
el principio, fue el film: una de esas aventuras guiñolescas
que Roger Corman hizo en un par de días de
1960, con un reparto que incluía a Jack Nicholson
cuando era tan joven que ni siquiera buscaba su destino.
Veintidós
años después, el libretista y letrista
Howard Ashman y el compositor Alan Menken -un dúo
que luego confirmó su talento en "La sirenita",
"Aladin" y "La Bella y la Bestia"-
convirtieron esta historia de descabellado humor negro
en una brillante y exitosa comedia musical.
En
1985, Frank Oz devolvió la historia al cine,
basándose en el musical de Ashman y Menken;
esa excelente versión de uno de los creadores
de Los Muppets tuvo como protagonistas a Rick Moranis,
Steve Martin, Ellen Green y Vincent Gardenia. En 1990,
la comedia musical se estrenó en Mar del Plata,
donde obtuvo los premios más importantes de
la temporada, pero no llegó a Buenos Aires.
Dentro
de la ola
La
nueva ola de musicales anglonorteamericanos que se
reponen en distintos puntos del planeta bajo la supervisión
de sus creadores originales hizo posible el desembarco
en la capital porteña de "La tiendita
del horror", esta obra que carga con el prestigio
doble de su origen mítico en el cine clase
B y su inteligente reconversión a un circuito
en el cual la calidad y el éxito comercial
a veces coexisten en un mismo escenario.
La
historia, que ahora puede verse en el Broadway, se
ha mantenido intacta, en sus ideas más disparatadamente
atractivas, desde la versión de Corman. En
ella intervienen el codicioso dueño de una
florería, sus dos empleados -un huérfano
tímido y una muchacha tierna-, un dentista
sádico y una extraña planta tropical
que habla y se alimenta de carne humana. Como en toda
comedia, los personajes son simples, tienen defectos
gruesos y sufren de aquello que al espectador le causa
gracia. Pero la planta es un exabrupto: imprevisible,
amoral y desmesurada, gracias a su presencia, la obra
toma rumbos que la vuelven literalmente insólita.
La
versión que acaba de estrenarse en Buenos Aires
conserva, además de la historia, la frescura
y la rara mezcla de humor negro e ingenuidad de la
obra original. La adaptación de los textos
de las canciones y los diálogos es lo suficientemente
buena como para que el espectador no olvide que la
historia transcurre en otro lugar, pero al mismo tiempo
pueda disfrutar sin mediaciones su humor desaforado.
El
monstruo vegetal
La
dirección de Robert Jess Roth acierta en el
ritmo y en el clima general de la pieza. El elenco
exhibe una pareja solvencia y sus puntos fuertes y
débiles son los previsibles: los actores actúan
mejor de lo que cantan y viceversa, aunque hay que
destacar la cuidada emisión de Sandra Ballesteros,
quien, además, compone una Audrey deliciosa.
Y, por supuesto, la versatilidad de Humberto Tortonese,
quien habría sido capaz de hacer también
el papel de la planta si hubiese hecho falta.
De
todos modos, la excelente realización del monstruo
vegetal y la sugestiva voz que le presta Pablo Piñeyro
vuelven innecesaria esa posibilidad. Ivanna Rossi,
Andrea Mango y Marger Sealey componen admirablemente
el coro de vecinitas que carga con la mayor responsabilidad
en lo que respecta al canto y la coreografía.
Música,
escenografía, luces y sonido contribuyen a
sostener el tiempo y los climas adecuados.
"La
tiendita del horror" es un pasatiempo más
que recomendable. Y hasta permite que, entre risas,
resuene una reflexión de Bertolt Brecht: detrás
de todo gran negocio, se esconde algún crimen.
Guillermo
Saavedra
Link
corto: http://www.lanacion.com.ar/55251
|