Domingo 20 de febrero de 2005
DIARIO LA NACION, BUENOS AIRES ARGENTINA

“Una conquista musical”
 
A través del lenguaje de la danza y con canciones, el espectáculo contará una historia que polemiza con la conquista española de América
 

Si con "Tanguera" el productor Diego Romay había apostado a contar musicalmente la identidad porteña formada por los inmigrantes, con "Nativo", su nueva producción, el también director redobla la apuesta para contar con la danza y los ritmos folklóricos la historia de la conquista española, su consecuencia directa en la mestiza identidad argentina y los olvidados orígenes de la cultura ancestral de América. "Es una apuesta nunca vista para el folklore, que además cuenta la historia de cómo la conquista española masacró una cultura, con un punto de vista estético diferente para el género, y con gente que viene de diferentes disciplinas, tanto del folklore como del musical. Ahí reside el atractivo de la obra", anticipa la cantante Suna Rocha, una de las protagonistas de la obra que se pasea con su magnetismo de Pachamama por todo el teatro.

Después de cuatro meses de ensayo, comienza la cuenta regresiva para Romay y su equipo. Son los días previos al estreno mundial del musical, que será el próximo viernes en el teatro El Nacional, con un costo aproximado de 170 mil dólares, un elenco de 35 personas en escena, una banda de sonido original y un grupo de trabajo formado por gente que viene de la comedia musical, el teatro y el folklore como Diego Romay (idea, libro, producción y dirección artística), Omar Pacheco (diseño de puesta en escena y supervisión), Gustavo Zajak (coreografía y puesta en escena), Dabel Zanabria y Fernando "Nehuén" Montivero (coreografía folklórica), Gerardo Gardelín (música original y dirección musical), Colacho Brizuela (música original), Eladia Blázquez (canciones) y la participación de los cantantes Suna Rocha y Tukuta Gordillo.

"El gran desafío fue unificar criterios porque todos veníamos de ramas diferentes para hacer un trabajo único. A «Nativo» tuvimos que inventarlo de cero, porque es un trabajo de composición permanente desde lo musical, la danza y lo visual. Es un espectáculo donde conviven otros ingredientes que no diluyen el folklore sino que lo potencian. Se han combinado algunos elementos de otras danzas que, conjugadas con gatos, chacareras, escondidos, arunguitas, malambo y zambas permiten que el folklore se pueda expresar en el formato de la comedia musical", apunta Gustavo Zajac, que en los últimos años se la pasa viajando de Broadway a Japón trabajando en musicales con figuras de peso en el género.

El espíritu de la obra tiene una fuerte carga ideológica proaborigen. Diego Romay sostiene que la sala que supo albergar a "Tanguera" será irreconocible porque funcionará un museo temático durante todo el día. "Habrá ponchos del 1800, una muestra de fotos con imágenes de los últimos caciques indios, artesanos de comunidades y merchandising", comenta.

Un indio polaco

La sala teatral sufrirá en una semana una transformación similar a la que vivió el protagonista de la obra (Hilario/Adrián Verges), a quien se puede ver caminando con su larga y rubia cabellera y su tez blanca. El bailarín, al que todos llaman cariñosamente "Polaquito", es muy distinto del Hilario de fuerte rostro indígena que aparece en el afiche de promoción de la obra. "Es increíble como se mimetiza el chango. Verdaderamente parece un indio, aunque es polaco. Yo le digo que es mi hijo". El que lo comenta no es otro que Tukuta Gordillo, músico de la quebrada de Humahuaca que hace las veces de chamán en la obra y se pasea con la autoridad que le da su rostro colla.

"Lo importante es que este musical sea la excusa para reinvindicar a los antiguos dueños de las tierras. Todo se está abordando con respeto, porque se compuso música original, no se recurrió al cliché de poner «El cóndor pasa» o «El humahuaqueño» y el vestuario está muy bien hecho. No estamos disfrazados de lamé, sino que nos visten con la ropa de nuestra tierra", apunta el músico, que vive en Tilcara, tocó con Jaime Torres, José Carreras, Ariel Ramírez y tiene varios discos solistas editados.

Por su parte, Omar Pacheco, reconocido por sus trabajos como director del Grupo de Teatro Libre, habla entusiasmado del ritual y la fuerza del baile y la poética folklórica. "Trabajamos con un criterio de puesta cinematográfica, que busca reflejar lo genuino de lo primitivo y a la vez que tenga un lenguaje renovador. En eso creo que este espectáculo tiene elementos más potentes que los de «Tanguera». Esa resonancia mística, con la que siempre me gustó trabajar en el teatro, creo que también modificará al público", sostiene el encargado de la puesta general.

Los contrastes de estéticas, identidades y lenguajes forman parte del núcleo de trabajo de este musical folklórico que busca revolucionar el género no sólo en la Argentina sino en el exterior. Porque desde aquellas grandes compañías formadas por el "Chúcaro" Santiago Ayala y Norma Viola, o la repercusión que "La misa criolla", de Ariel Ramírez, obtuvo en todo el mundo, el folklore nunca logró una gran proyección internacional.

"Nuestra posibilidad es hacer del folklore un espectáculo y abrirle los ojos al mundo mostrando la riqueza de su danza y su música. Es un desafío enorme romper con una barrera", explica Zajac.

Los coreógrafos de folklore Fernando Montivero y Dabel Zanabria están convencidos de que la propuesta de "Nativo" puede ganar terreno en los escenarios internacionales. La fusión de la danza folklórica con elementos contemporáneos (en los que vienen trabajando desde hace tiempo bailarines como Juan Saavedra), puede generar otra mirada sobre ritmos como el malambo. "Generalmente se explotó al gaucho como un elemento exótico en vez de recrear su arte más genuino, que es la mudanza, el zapateo. Por eso, todo lo que se mostraba a los turistas o en el exterior eran esos zapateadores que parecen malabaristas, con boleadoras prendidas fuego o fosforescentes. Se mostraba un aspecto burdo del baile, cuando en realidad es una danza muy rica. Eso es lo que se trabajó en «Nativo», el cruce con otras danzas para darle un nuevo aire, que sorprenda tanto a la gente de acá como de afuera por su riqueza estética", sostienen.

En una ciudad que hace tiempo resuena con el folklore de las provincias en peñas y festivales, el diagnóstico de Pacheco parece acertado: "La prueba de fuego será Buenos Aires. Si funciona acá, seguramente funcionará muy bien en otros escenarios. El porteño puede ser prejuicioso pero a la vez tiene un gusto teatral muy fino que sabe captar algo cuando está trabajado desde la esencia de la verdad".

Es la Pachamama, o mejor dicho Suna Rocha, la que resume el espíritu de esta apuesta artística. "Es un género que nunca se explotó demasiado por falta de productores que apostaran al folklore. Me acuerdo que Norma Viola siempre me decía que cuando se presentaban con el Ballet Nacional en París se agotaban las localidades. A mí me pasó de estar en gira por Alemania y ver cómo los chicos se volvían locos por aprender a bailar chacareras o zambas. Por eso lo de Diego es un desafío, un riesgo artístico muy interesante, pero a la vez una semilla que puede prender muy bien".

Por Gabriel Plaza
De la Redacción de LA NACION

Medio: Diario La Nacion