Diario La Nacion Viernes 7 de abril de 2006
El tango se viste con colores

"Tangorama" . Intérpretes: Mora Godoy, Junior Cervila, Paola Jean Jean, Nicolás Cobos, Adrián Verges, Giovanna Di Vincenzo, Julián Sánchez, Teresita Sánchez Terraf, Facundo Piñero, Carla Mazzolini, Sebastián Acosta, Louise Malucelli, Marco Roberts, Carlos Barrionuevo y Dévora Quiroga. Orquesta Madero Tango, dirigida por Humberto Ridolfi. Los cantantes Héctor Pilatti y Alejandro Perrone. Escenografía: Marcelo Pont. Iluminación: Gonzalo Córdova. Vestuario: Mariel Bobek. Dirección y coreografía: Mora Godoy y Gustavo Zajac. En Madero Tango, Brasil y Alicia Moreau de Justo. Duración: 85 minutos.

Nuestra opinión: muy bueno

Hace ya tiempo que el eje de los espectáculos de tango pasa por la coreografía más que por la parte instrumental o cantada. Y sí. El baile, en cualquier género, tiene la particularidad de ser visualmente atractivo. Es la combinación entre el sonido (la música) y el movimiento (la danza). Y si de tango se trata, muy importante resulta ser el diseño coreográfico.

En esta propuesta de Mora Godoy y Gustavo Zajac se combinan los estilos con creatividad y vuelo imaginativo, de tal manera que lo tradicional se suma a lo clásico, a lo contemporáneo y a lo folklórico.

Con un cuerpo de bailarines que demuestra rigor técnico, precisión, sincronización y un sólido enfrentamiento artístico de fuerzas que se oponen y se complementan es fácil presumir que se trata de un espectáculo muy atractivo. Ni qué decir cuando sale a escena Mora Godoy y Junior Cervila, una pareja que demuestra una simbiosis y una empatía poco común, de la cual emana la sensualidad y la seducción que inyecta sangre al tango. La estampa viril de Cervila es la contraparte de la figura etérea y volátil de Godoy, pero sirve para generar una amalgama de tierra y aire en una sola imagen.

Es tanta la energía y la dinámica que imprimen los bailarines a su trabajo que cuando la danza cede espacio a la música instrumental y al canto se siente un vacío de tensiones enfrentadas sobre el escenario y se aplaca la atención del espectador.

Puesta cromática

Más allá del baile propiamente dicho, hay una puesta que crea un marco de contención escénica. Comienza el show como un audiovisual que sirve tanto para los locales como para los foráneos con algunas imágenes casi inéditas, como son las que registran a parejas bailando, en 1880, "El choclo", de Angel Villoldo. Luego secuencias de algunos films porteños que rescatan la figura de Carlos Gardel, Tita Merello, Tito Lusiardo, D´Arienzo, Piazzolla, Maradona e imágenes de la ciudad de Buenos Aires, especialmente, La Boca y Puerto Madero.

Después de este preámbulo audiovisual, comienza el show musical. La idea de puesta de Godoy y Zajac fue diversificar los espacios, algunos en diferentes planos, de tal manera que, en algunos temas, los bailarines llegan a rodear a los espectadores ubicados en las mesas, mientras en otro lugar se juega una escena teatral.

El programa seleccionado se encuentra dividido en colores: blanco, azul, rojo y negro, valor cromático que fundamentalmente se nota en el vestuario y que trata de agrupar temáticamente distintos títulos.

De esta manera transitan temas de Filiberto, Laurenz y Contursi, Mores, Pugliese, Rosita Melo, Villoldo, Gardel, Filiberto, Gardelín, Troilo, Saborido Rovira, Pontier, Mores-Discépolo, para terminar con el negro, dedicado casi exclusivamente a Piazzolla.

Hay dos secuencias que merecen destacarse por la conjugación estética: la primera, en "Newtango 3", donde se combina el tango y el malambo, a cargo de Adrián Verges, y la segunda, que se logra cuando Godoy y Cervila bailan "Oblivisión" frente a un gran ventanal por el que se ve el río y los edificios de Puerto Madero iluminados, creando una postal nocturna en movimiento irreproducible.

El aporte de la orquesta Madero Tango, dirigida por Humberto Ridolfi, es un pilar valioso para los bailarines y para el cantante Alejandro Perrone, que demostró versatilidad para encarar diferentes temas, con un fluido y afinado caudal de voz.

Sobre la hechura estética, falta mencionar la iluminación, aliada fundamental para la creación de los climas que exigió cada una de las interpretaciones, y sobre todo el sonido, que se sintió ajustado e impecable.

Susana Freire


Medio: Diario La Naciòn