El arte no se trata de una guerra de egos

Gustavo Zajac ostenta la fórmula del éxito en el arte de la comedia musical y el teatro: el trabajo intenso, apasionado, sin descanso. Lejos de los escándalos, el director y coreógrafo que construyó con ardiente paciencia una carrera internacional, durante los fines de semana de abril dictará en el Instituto Ballerina de Paraná un seminario intensivo de comedia musical. Mientras en Buenos Aires, su lugar en el mundo cuando no está en Tokio o New York, su espectáculo Bien argentino cosecha aplausos.

Gustavo Zajac le escapa a los inviernos argentinos y foráneos y a los infiernos del escándalo en sus espectáculos. Para describirlo mejor: entre sus clases, seminarios, coreografías y montaje de obras, encontró el justo equilibrio para no perder la pasión por la danza, el teatro y el canto. Lo hizo cuando decidió bajarse de las tablas para estar al frente del show, detrás de bambalinas.

CUANDO UN NO DIO LUGAR A UN SÍ. En 1997 Gustavo Zajac bailó por última vez sobre un escenario, lo hizo como partenaire de Eleonora Cassano en Cassano dancing en el Teatro Metropolitan de Buenos Aires. Ser el traductor temporario del director inglés de Nine en Buenos Aires le preparó el terreno a un destino sorprendente. Tras postularse a la beca Fullbright, la ganó y llegó a New York para tomar un año de clases en actuación y danza. La idea inicial fue continuar la profesionalización de su experiencia como intérprete.

En Estados Unidos, Zajac estudió danza, canto, teatro, coreografía, dirección y nunca más volvió a subirse a un escenario. Él lo cuenta mejor: “Me pegó tan fuerte emocionalmente la actividad de estar dirigiendo gente, que pasó a ocupar un lugar más grande: decidí dejar de interpretar para estar abajo del escenario. Desde los 9 años que bailaba y cuando dejé de bailar toda la pasión que tenía por estar arriba del escenario se me transformó en lo que siento hoy cuando estoy parado atrás y veo artistas en el escenario representando cosas que se me ocurrieron a mí. Me apasiona de la misma manera o más. En mi grado de exigencia personal y perfeccionismo me di cuenta de que nunca iba a ser el mejor bailarín del mundo. Cantaba, era afinado, pero no tenía una voz espectacular y tampoco era un gran actor. Como no era el mejor actor, el mejor cantante y el mejor bailarín, probablemente termine siendo el mejor coreógrafo y el mejor director, cosa que no creo que lo sea pero todavía puedo aspirar a serlo”. Y sigue: “En ese momento posterior a mis estudios en New York yo tenía pensado volver al país y trabajar en Los miserables. Ese día me avisaron de que no había quedado en la audición. Y a las dos horas me llamaron desde el exterior para que me tomara el primer vuelo a New York y trabajara como asistente de coreografía en un musical nuevo que se estaba haciendo para Broadway. Me dije: esto es una señal, me están diciendo que no como intérprete y que sí como coreógrafo. A partir de ahí me embarqué en la experiencia creativa”.

LA HORA DE LOS PREMIOS. Los premios y nominaciones miden el trabajo. Y cada puesta en escena de Zajac mereció premios o nominaciones, jamás indiferencia. “Por Nativo me gané el premio Trinidad Guevara al mejor coreógrafo hace dos años y me gané el premio ACE al mejor director de comedia musical por Víctor Victoria. Estoy súper agradecido porque todos mis trabajos han sido reconocidos también por nominaciones: nominado a mejor coreógrafo por Aplausos, a mejor director por El hombre de la mancha, a mejor coreografía por Tangorama. Todavía no he hecho ningún trabajo que no haya recibido premio o nominación. Me impresiona y me impacta que cada trabajo recibió algún tipo de reconocimiento”.

CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO. Ante la pregunta ¿te desespera no tener el control absoluto de la respuesta de la gente, la respuesta de los medios y la maquinaria publicitaria?, Zajac contesta: “Es un juego que uno tiene que ponerse a jugar conociendo las reglas. Antes de empezar un trabajo sé que vienen las críticas, el éxito o el fracaso y la buena o mala energía de los colegas. Para tratar de mantenerme sano espero lo peor, para que cuando llegue lo mejor de lo peor pueda alegrarme. Por suerte he recibido críticas muy buenas y apoyos importantes de colegas, pero también recibí cosas no tan buenas. Con el tiempo uno aprende a hacerse fuerte. Cuando estoy dirigiendo no mando yo ni el actor ni el productor: manda el show. Hay que ser fiel al show y acompañarlo como si fuera un nene chiquito que cruza de una calle a la otra. Hay que cuidarlo en el proceso, dejarlo bien puesto para que pueda crecer. El arte no se trata de una guerra de egos, sino que se trata de servir al arte en sí mismo”.

LEJOS DEL RUIDO. “Honestamente y con toda sinceridad a mí no me convocan para hacer una revista con figuras escandalosas. No me llaman para hacer televisión en un programa mediático. Me llaman productores para armar una comedia musical de Broadway en El Nacional o un espectáculo de tango en Madero Tango. Probablemente mi perfil no transcurre por ese lugar. No podría trabajar de otra manera. Para mí manda el libro o el guión de la obra, no el escándalo mediático, ni siquiera manda la figura de la obra. Sería incómodo tener que poner más tiempo a tal figura por ser más mediática o menos tiempo a tal otra porque se peleó con tal. A mí me rige el contenido del proyecto”.

CIUDADANO DEL MUNDO CON BASE EN BUENOS AIRES. Gustavo Zajac afirma que lo único que le interesa es crear. Y con ese norte, ha decidido crear una carrera internacional. “Este año estoy en Argentina seis meses, los otros seis meses estoy en el exterior. Le escapo al invierno. A partir de junio me voy y vuelvo en octubre y noviembre. Este año tengo un seminario con muestras teatrales en Tokio y Osaka, en Japón, después a dictar cursos a Pittsburgh, a montar una coreografía en Asunción del Paraguay, un curso en Guayaquil, Ecuador, y termino el año en octubre y noviembre dirigiendo El violinista sobre el tejado y acabo de estrenar Bien Argentino hace 10 días, para lo que estuvimos ensayando dos meses”, detalla de una intensidad asombrosa.

UN RETO. A Corea del Sur llevará El violinista sobre el tejado, la comedia musical que coreografió en Broadway hace tres años, con el protagónico de Alfred Molina. “El desafío es llevar a la cultura coreana un tipo de cultura desconocido. Hay que hacer un trabajo de docencia cultural para que los artistas entiendan lo que están representando, de qué se trata el día sábado, cómo es el casamiento judío. El violinista sobre el tejado es el musical más grande y mejor escrito de los americanos. Y en Corea del Sur hay un auge impresionante por la comedia musical norteamericana y están desesperados por importar El violinista... Para mí es una experiencia fascinante llevar a ese costado del mundo un musical tan querido por mí. Va a ser impresionante”, anticipó.

UN LUJO ARGENTINO. A Gustavo Zajac también lo emociona compartir un espectáculo argentinísimo con Raúl Lavié (“el exponente máximo como cantante de tango”), Valeria Lynch (“la cantante más famosa) y Laura Fidalgo (“la bailarina más reconocida”). “Bien Argentino es un espectáculo de tango que tiene un poco de comedia musical, un poco de revista porteña y un elenco de 10 parejas maravillosas. Mostrar a los mejores exponentes del tango, la música que nos representa, me enorgullece”, asegura convencido y convincente.

Medio: Diario Uno Entre Ríos