24 de Septiembre de 2006
Gustavo Zajac / Con los pies en la tierra

Gustavo Zajac es el director general y coreográfico de Víctor Victoria y Tangorama: dos espectáculos que están haciendo historia en Buenos Aires. El bailarín y coreógrafo que hizo bailar a Antonio Banderas y Chita Rivera en Broadway, pasó por Paraná tras ser jurado del certamen de danzas inscripto en la Confederación Interamericana de la Danza (CIAD) Danza Río 2006 y dar un seminario. Quien durante tres años fue bailarín de Susana Giménez y compartió escenario con Eleonora Cassano en Cassano dancing, tiene en su intenso haber puestas como Gypsy, La tiendita del horror, Nine, Nativo, El hombre de la Mancha, El violinista sobre el tejado y Aplausos. Gustavo Zajac interrumpió el lunes su mediodía de descanso para dialogar como vive: con los pies en la tierra.

Con una amable naturalidad, Gustavo Zajac respondió a las preguntas mientras el viento recio no dejaba de amenazar con llevarse las palabras a otra parte. El hombre que pudo subirse a las nubes del éxito dejó ver, en una entrevista, que en Paraná –como Buenos Aires, Broadway y Japón– sigue siendo el mismo. Y de las clases y seminarios que da en Argentina y el resto del mundo, Zajac se permite decir que son su hogar, su casa, el lugar de donde partió. “Respeto el laboratorio donde puedo probar cosas”, dijo a modo de muestra.

—¿Cómo es preparar y sostener en simultáneo dos obras como Víctor Victoria y Tangorama?
—Comencé el año en Japón dictando un seminario de movimiento e interpretación en la comedia musical para actores japoneses del Tokyo Proyect Theatre. Apenas volví empecé con los ensayos de Tangorama y, lo que hubiera sido ideal, es armar un espectáculo primero y después el otro. Pero eso no ocurre nunca porque siempre los tiempos de pre-producción, producción y ensayo se dilatan. Los dos proyectos convivieron en el armado durante un mes: marzo. Ensayé Tangorama en febrero-marzo y Víctor Victoria en marzo-abril. Marzo fue un mes en el que no recuerdo haber dormido. Iba del Teatro Nacional a Madero Tango y de Madero Tango al Nacional. Una noche dormía en un lugar y otra noche en otro. Mientras iluminaba Tangorama a la mañana iba a ensayar Víctor Victoria y viceversa. Me hubiese gustado tener cada uno de los proyectos por separado para dedicarles el 100 por 100 a cada uno. La convivencia de los dos determinó que tuviera que trabajar de 21 a 22 horas por día para poder cumplir con lo que cada uno de los proyectos demandaba. Creativamente uno tiene miedo de no llegar porque con el cuerpo uno puede organizarse o delegar para cumplir, pero la creatividad no se delega. Me preocupaba quedar vacío al tener que armar en dos escenarios distintos espectáculos completos que requerían de mucha imagen visual y preconcepto creativo. Por suerte existe una diversidad entre uno y otro. Tangorama es un espectáculo musical de tango y Víctor Victoria tiene un libro preconcebido. Atándome mucho a lo que cada espectáculo requería pude llevar adelante a uno y otro. El temor estaba en la creatividad para lo cual fue importante y valioso haber trabajado mucho tiempo antes, desde octubre-noviembre. Es riesgoso.
—Sobre todo porque en el proceso se debe avizorar el final.
—Lo que uno termina viendo en un escenario es la sumatoria de lo que imagino con lo que aportan cada una de las áreas de un espectáculo: vestuario, actores, iluminadores, escenógrafos. Son procesos demandantes y gratificantes de la misma manera. Los dos espectáculos en Buenos Aires me dan lo que había soñado tener y mucho más: me permitieron desarrollarme y llevar la creatividad a un límite extremo.
—Una vez que el montaje está hecho y cada obra funciona por su lado, ¿te permitís relajarte?
—Las obras de teatro son monstruos vivos. El pintor y el escultor terminan una obra y permanecen tal cual. El día del estreno de una obra no marca el final de nada sino el inicio de algo. Como director, el trabajo post estreno consiste en tener en cuenta que las obras viven en el presente. El teatro es un modo de expresión vivo que se transforma permanentemente y que necesita una mirada externa, un service permanente para que la obra sea fiel a sus raíces y cuente siempre lo mismo. Hay un cierto margen donde uno como director debe permitir el cambio: nuevos remates a una situación de comedia, un nuevo paso coreográfico... Hay que permitir que las obras crezcan siendo fieles a su origen. Hay que ser cauteloso en no prohibir el crecimiento de un artista. En algún momento Valeria (Lynch) va a querer agregar una nota más al final del número y Mora (Godoy) va a querer bailar con una vuelta más. Y lo tengo que permitir siempre y cuando el espíritu del espectáculo no se transforme. Manda el libro, la puesta en escena. Y la obra es un músculo vivo que está ahí, respirando.

La sorpresa
“Sentí, cuando me convocó la gente de Madero Tango, que Tangorama iba a ser un trabajo aledaño a mi carrera profesional de director de teatro. Terminó teniendo una repercusión impresionante, con críticas maravillosas, inesperadas, sorprendentes... A Mora la llamaron de todos lados, fue tapa de Playboy... Lo principal fue la sorpresa a nivel creativo y por la repercusión. Se armó una bomba de tiempo juntando el arte de Mora y el mío, algo muy explosivo, a la vez comercial y cuidado artísticamente. Uno cree que lo comercial es banal y no prestigioso, pero se pueden hacer las dos cosas. En este espectáculo bailan Mora Godoy, Junior (su partenaire de siempre) y el polaco Adrián Vergés (protagonista de Nativo). Juntar a estos tres protagonistas de la danza fue un logro de los que hay que celebrar en Buenos Aires. Algo así pasó en Víctor Victoria donde se juntan Valeria Lynch, Raúl Lavié, Fabián Gianola, Karina K, 25 personas en el escenario más 15 músicos en escena. En Víctor Victoria tenía el fantasma de la película y la puesta en Broadway: la primera un éxito y la segunda un fracaso. Y la puesta en España con Paloma San Basilio fue un nuevo fracaso. El peso sobre mis hombros, de pensar que estaba montando una obra que iba a fracasar, era enorme. Le saqué media hora de duración, traje momentos del cine que en la obra estaban perdidos y di vuelta algunas escenas. Y ganó en dinamismo y reconocimiento del público. Y se armó el gran espectáculo en Buenos Aires: la sala se transformó en un cabaret. La obra es un exitazo por el nombre de la obra, el nombre de Valeria. En el lobby se escuchan ecuatorianos, mexicanos, peruanos, chilenos... El elenco es multiestelar y la gente se saca fotos en la sala como si estuviera en un parque de diversiones. Es muy importante que Buenos Aires se transforme en la capital de la comedia musical para toda Latinoamérica al nivel de Broadway”.

LA CULTURA VIAJA EN UNA MALETA. “Sigo viajando por todo el país y por el exterior: San Juan, Paraná, Santa Fe, General Pico, Pittsburg, Sacramento, Guayaquil, Chile, Japón. Llevar mi material por el mundo es la posibilidad de brindarle a la gente mucho de lo que yo aprendí y aprender mucho de la gente. Cuando uno imprime su trabajo en culturas tan diversas como la argentina, la ecuatoriana y la japonesa, aprende de la diversidad. Mi trabajo se regenera por recibir el impacto cultural de toda la gente. Estoy conviviendo con la educación, la dirección, la coreografía, el trabajo en el interior, el exterior. Eso hace que en siete años no haya tenido vacaciones y no puedo parar”.

EL CUERPO Y EL ABOGADO DEL DIABLO. “Cuando trabajo con actores y bailarines de comedia musical, paso los pasos por mi propio cuerpo. Una vez que lo enseño empieza el diseño coreográfico, el desplazamiento espacial. Con bailarines avanzados les marco el espacio y se da la contribución artística de ambas partes. No está bueno que todo el material venga del coreógrafo. Hay bailarines que son mejores que yo bailando. Es importante dar la libertad para que cada uno sea lo máximo que puede ser. Los actores proveen algo sensible que uno no tiene en cuenta a la hora del movimiento. Actores y bailarines son creativos, pueden pensar. Cada espectáculo es un crecimiento y no uno más. Es importante autocriticarse para mejorar y pelearse todo el tiempo con el ego. Pensar que todo lo que veo no me gusta es una motivación para cambiarlo. Trato de sacar de mí el abogado del diablo para no dejar las cosas en el grado primero de creación”.


Medio: Uno Entre Rios